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Gestionar las emociones y el estrés: claves para cuidar tu bienestar emocional

21 de septiembre de 2026

Nuestro día a día está lleno de responsabilidades, cambios y situaciones que pueden generar tensión y sobrecarga emocional. Aprender a relacionarnos de una manera adecuada con aquello que sentimos es una parte importante del cuidado de nuestra salud psicológica. Las emociones forman parte de nuestra experiencia cotidiana y nos ayudan a interpretar lo que sucede, tomar decisiones, relacionarnos con otras personas y orientarnos hacia aquello que necesitamos.

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La gestión emocional consiste en reconocer lo que estamos sintiendo, comprenderlo y aprender a relacionarnos con ello de una manera flexible. Estas habilidades pueden ayudarnos a afrontar situaciones difíciles y responder de forma más ajustada a las circunstancias.

El estrés, por su parte, es una respuesta natural de nuestro organismo cuando percibimos que las demandas de una situación requieren un esfuerzo importante. Puede resultar útil en determinados momentos, pero cuando se mantiene durante mucho tiempo o alcanza una intensidad elevada puede terminar afectando a nuestro bienestar y a diferentes áreas de nuestra vida.

¿Para qué sirven las emociones?

Las emociones cumplen una función. Nos proporcionan información sobre lo que está ocurriendo dentro de nosotros y sobre nuestra relación con el entorno.

Por eso, podemos entenderlas como señales que nos ayudan a identificar qué está siendo importante en cada momento. El miedo puede orientarnos hacia aquello que percibimos como una amenaza; la tristeza puede señalar una pérdida o una necesidad de cuidado; el enfado puede aparecer cuando sentimos que se ha traspasado un límite.

Escuchar esta información permite preguntarnos qué necesitamos, hacia qué queremos acercarnos, de qué queremos alejarnos o qué aspectos de nuestra situación necesitan nuestra atención.

Diferentes formas de afrontar el malestar

Cuando aparece una emoción intensa o atravesamos una situación estresante, utilizamos diferentes estrategias para afrontarla. Algunas están orientadas a resolver aquello que está sucediendo y otras buscan regular el impacto emocional de la experiencia.

Cuando existe un problema que podemos modificar, actuar sobre aquello que está en nuestras manos puede ser una estrategia adecuada. En otras ocasiones, la situación requiere principalmente aprender a permanecer en contacto con nuestras emociones y responder a ellas de una manera más flexible.

También podemos recurrir a estrategias que proporcionan alivio inmediato, pero que terminan manteniendo o aumentando el malestar. Entre ellas encontramos:

  • Distracción: mantenernos constantemente ocupados para evitar conectar con aquello que estamos sintiendo.
  • Negación o minimización: restar importancia a la experiencia emocional o intentar apartarla de nuestra conciencia.
  • Desplazamiento emocional: experimentar una emoción y expresarla a través de otra. Por ejemplo, sentir tristeza y terminar manifestándola principalmente mediante enfado.
  • Conductas compulsivas: recurrir a determinadas actividades o comportamientos —como el consumo de sustancias, las compras, el trabajo excesivo o determinadas conductas sexuales— para reducir o desconectar temporalmente del malestar.

Estas estrategias pueden proporcionar alivio a corto plazo. Sin embargo, cuando se convierten en la principal manera de relacionarnos con nuestras emociones, pueden dificultar que comprendamos qué está ocurriendo y qué necesitamos realmente.

Podemos imaginar las emociones como mensajes que llegan para proporcionarnos información. Cuanto más familiar y flexible sea nuestra relación con ellas, mayor capacidad tendremos para escucharlas, comprenderlas y decidir cómo responder.

Aprender a relacionarte de otra manera con lo que sientes

Cuidar nuestra salud emocional implica desarrollar recursos para reconocer nuestras emociones, comprender su función y responder de acuerdo con aquello que realmente importa en nuestra vida.

En ocasiones, este aprendizaje requiere detenerse y observar patrones que llevamos mucho tiempo utilizando: exigencia, necesidad de control, evitación, sobrecarga o dificultad para parar. Comprender cómo funcionan estos patrones permite empezar a construir respuestas diferentes.

Si sientes que el estrés, la exigencia o la dificultad para gestionar determinadas emociones están interfiriendo en tu bienestar, en Psikonorte podemos trabajar juntas para comprender qué está ocurriendo y desarrollar una relación más flexible con tus emociones. Puedes solicitar cita en consulta en Donostia o realizar el proceso de forma online.

Si quieres ver antes cómo trabajo, lo cuento en terapia individual.

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